Eduardo Sacheri es un escritor y profesor de Historia oriundo de Morón, en el oeste del conurbano bonaerense, que fue conocido por sus cuentos de fútbol que leía el periodista y narrador oral Alejandro Apo en su programa “Con todo afecto” por Radio Continental. Con el tiempo, esos cuentos fuerton recopilados en libros exitosos de de lectura recomendable. Luego, Sacheri “salió del área”, abandonó su zona de confort y escribió la novela “La mirada de sus ojos”, que fue adaptada al cine por Juan José Campanella con el título “El secreto de sus ojos”, y obtuvo el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Recientemente se publicó una compilación de sus cuentos de fútbol, bajo el título “La vida que pensamos” (DISPONIBLE EN LA BIBLIOTECA). Respecto de este libro, dice el autor: “En mi primer libro de cuentos, Esperándolo a Tito, me permití estar en desacuerdo con las personas que sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con las cosas esenciales de la vida. Y no por afán de discut...
"Empieza por una suerte de revelación. Pero uso esa palabra de un modo modesto, no ambicioso. Es decir, de pronto sé que va a ocurrir algo y eso que va a ocurrir puede ser, en el caso de un cuento, el principio y el fin. En el caso de un poema, no: es una idea más general, y a veces ha sido la primera línea. Es decir, algo me es dado, y luego ya intervengo yo, y quizá se echa todo a perder. En el caso de un cuento, por ejemplo, bueno, yo conozco el principio , el punto de partida, conozco el fin, conozco la meta. Pero luego tengo que descubrir, mediante mis muy limitados medios, qué sucede entre el principio y el fin. Y luego hay otros problemas a resolver; por ejemplo, si conviene que el hecho sea contado en primera persona o en tercera persona. Luego, hay que buscar la época; ahora, en cuanto a mí “eso es una solución personal mía”, creo que para mí lo más cómodo viene a ser la última década del siglo XIX. Elijo “si se trata de un cuento porteño”, lugares de las orillas,...
"En el verano de 1916, en plena guerra mundial, un capitán inglés se lanzó al asalto pateando una pelota. El capitán Nevill saltó del parapeto que lo protegía, y corriendo tras la pelota encabezó el asalto contra las trincheras alemanas. Su regimiento, que vacilaba, lo siguió. El capitán murió de un cañonazo, pero Inglaterra conquistó aquella tierra de nadie y pudo celebrar la batalla como la primera victoria del fútbol inglés en el frente de guerra. Muchos años después, ya en los fines del siglo, el dueño del club Milan ganó las elecciones italianas con una consigna, ¡Forza Italia!, que provenía de las tribunas de los estadios. Silvio Berlusconi prometió que salvaría a Italia como había salvado al Milan, el superequipo campeón de todo, y los electores olvidaron que algunas de sus empresas estaban a la orilla de la ruina. El fútbol y la patria están siempre atados; y con frecuencia los políticos y los dictadores especulan con esos vínculos de identidad. La escua...
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